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lunes, 7 de marzo de 2011

LOS QUE BUSCAMOS (Relato)


Entré al restaurante y me senté. Ella, se notaba muy contenta. Ya no veía el momento de verle. Resplandecía un fulgor de enamorada como de atardecer. No cabía en su lugar, era un vaivén contagioso de risas nerviosas. Levantaba sus pies y daba pequeños aplausos con las puntas del zapato. Acababa de llegar. Una de las meseras le dio un menú y le devolvió un gracias celestial como si ensayarapara decírselo. Como para contestarle cualquier cosa con una ternura angelical casi. Contemplarlo con sus pupilas, conmoverse y definir el amor en aquel hombre. Mientras tanto miraba y miraba por la ventana. Estaba sentada en la esquina del restaurante donde se podía ver a cada carro que entraba, se estacionara o que pedía en el autoservicio. Pude ver, al entrar, que hasta un periódico que colocó frente a ella. También lo estaba esperando a él. Decía "Buenos días" inmerecidos a todos. Nos invitaba a su felicidad, a ser testigos del verdadero amor. Se le veía desde muy lejos. Como el fulgor explayado en una mancha de bruma y rayos de sol partidos por nubes mientras el astro se ahoga en el mar de algún abril.

Me senté a su par. El "Buenos días" que me dió me recordó algunas admiraciones y pleitesías inmerecidas que ya había olvidado. Una mesera se me acercó:-¿Ya lo atendieron?, -No- contesté. ¿Quiere un menú?. -No, ya sé lo que quiero-. -Ya vuelvo con su orden. Me froté las manos y a esperar. Quería un café amargo inmediatamente.

De pronto sonó el celular. Sonrió y contestó -¿Ya viene?-. El mundo se detuvo. En su rostro se podía ver la luz que explotaba previo al desmoronamiento de su felicidad. El fulgor de amor de playa aquel, desapareció. Se podían ver aquellas columnas idealizadas de amor eterno que se hacían polvo antes de caer. Un huracán se llevó inclemente todos sus sueños aquel domingo. -¿Hasta la otra semana entonces?, dijo ella. -Está bien, entonces nos llamamos-. Un -Que esté bien-, dejó ir al ausente. Y entonces la mortalidad.

-¿Qué le sirvo señorita?, dijo la mesera. -Sólo para una persona nada más, señorita-, le contestó. -Ya se lo traigo-, dijo. Todo se esfumó. Todo. Ella se volvió, así nada más, en nadie, en cualquiera, en los que seguimos buscando. Tragué como pude aquel desayuno. Ella miraba por la ventana, seguía esperando, añorando la llegada de él. Volvió su vista y contempló a una pareja. Yo seguí su mirada. Los novios estaban agarrados de la mano. Reían, se disfrutaban. Contemplamos un universo. Puso su cabeza entre sus manos. Pagué y me fui.

miércoles, 13 de octubre de 2010

FUIMOS HÉROES (relato primera parte)

Él era el que mandaba en la colonia, al menos así lo veíamos todos. El habilidoso de fútbol. Era hipnotizante verle su dominio de balón. 120, 121, 122, "tecniquitas". Nosotros a duras penas 10 o 15, a veces 5, en mi caso. El chito, fue su mejor amigo y cómplice. Enfrente de su casa se desafiaban; muy entretenido. Nos gustaba el "fut". Recuerdo el primer reto. "Venite a jugar con nosotros, -decía frente a su manada de amigos lobeznos-, si tu hermano tiene huevos, vos también, ¿o qué, no te salen pelos en los huevos todavía?", y se reía. Mostraba todos los dientes de arriba desordenados como una fila soldados ebrios. Los lentes negros y el pelo fino como cebolla. Caminaba encorvado. Le decían "el muerto", "Enéas" -por benitín-, "El Masurcas"; por una casa de putas, ah, y cuando llegó la pubertad: el LSD, ése era su nombre científico: "Látigo del Servicio Doméstico".

Se destacaba por ser un aplanador de calles. Su físico era privilegiado para alguien de 15 años. Para el fútbol no había quien lo detuviera con esa gambeta envidiable. Lo sabía bien. Además era un abusador. Humillaba con golpes, hombría y su famosa "moraleja" -El que tenga huevos que se los proteja-, y va el golpe a los testículos. Al que no acertara, le pegaba una patada en las piernas. Los más débiles eran su deleite. En los partidos de fut, frente al parque, sus entradas eran duras. El Beto pegaba, hacía planchas, marcaba las faltas que le hacían pero no sacaba tarjetas, al contrario, te verguiaba y después se reía. Todos nos quedábamos estupefactos, después corría y "fusilaba" al portero para celebrar el gol. Al tipo había que destruirlo con su propia habilidad para hacer que te respetara. Yo lo observaba fijamente. Me decidí a hacerme respetar. Y aunque no podía por ser un frágil, de 13 años con 1 metro 65 de altura con un par de tobillos que me recordaban a cada paso que crecía lo que siempre me impidió ser perfecto, ser "betoperfecto". Como mi inteligencia me impedía ser malo, lo único que podía hacer era intentar ponerme a su par.

Mi osadía empezó mientras estaba parado frente a él con un pie sobre el balón haciendo un nervioso vaivén. Ah me estás retando? me dijo mientras lo miraba fijamente. Me gustaría decir que tragué saliva y sudé pero nunca me rindo aunque sabía a que me metía, al final podría ser respeto y elevar mi categoria de perdedor y salir con algún raspón o una patada feroz. El Beto me vió tan desafiante que sin pensarlo se me empujó y me quitó la pelota. Perro, me dije y enfurecí mientras reía.

Salí a perseguirlo y túnel tras túnel me humillaba. A veces me la pasaba a un lado. -¿Y no que muy brincón pues?. Ishto cerote. -Hijo de puta, dije a mis adentros. Continuará...

lunes, 27 de septiembre de 2010

UN JUGADOR UN APOSTADOR UN GANADOR (relato)


El poker es euforia contenida. Implosión atómica presurizada. Una emoción te delata y te destruye en un chasquido. Las apuestas son emocionates. Es esa victoria que se recuerda con una carcajada psicópata en la oscuridad de la noche y debajo de las cobijas. Como robarle una novia a alguien y después restregársela en la cara. A veces por una tarde y sólo a veces se puede tenerlo todo. Ser un bastardo ganador, que te odien por ser un triunfador.

Aparte de apostar en el póker, los caballos es otro vicio que me carcome. Incluso si lo hacés a manera de aficionado, definitivamente no hay nada como ganar. Explotar en total euforia y que todos en el momento de incredulidad juzguen tu "suerte" como una guasa cuando fueron ciertos momentos de reflexión para encaminar tu apuesta en el lugar correcto y GAAAANAAAARR. Esa sonrisa que se burla de la ignorancia, no tiene precio.

Solo me bastó el tiempo de una cagada aquel sábado por la mañana para saber a quién le apostaría. Monarchos acababa de ganar el Florida Derby previo al premio de Kentucky. Un gringo nos invitó a un grupo de amigos. El gringo que tenía como 30 años de vivir aquí y no abandonaba el acento norteamericano. Era un maestro de audiovisuales originario de Kentucky que dió clases a varias generaciones de universitarios. Todos los años aprovechaban ese fin de semana en particular para celebrar la carrera que había marcado su vida con el infaltable plato típico. Un caldo de pechuga de pollo sumergido en una salsa picante incomible, esa vez no estuvo tan picante. Como todos los primeros sábados del mes de mayo, invitaba a todos los alumnos de sus distintas universidades a compartir y apostar por el caballo de nuestra predilección. Claro, el chiste era convivir pero yo iba por varias cosas. El corazón de esa cualquiera y el dinero de la apuesta. Al fin había logrado que terminaran. Logré manipular sus sentimientos y decirle que su mejor opción era yo, que era mi devoción y demás pendejadas y gané. Hank Chinaski, el cartero, tiene una operación matemática infalible cuando apuesta en los hipódromos. Y le surte efecto. Hay que saber de matemáticas pero yo, evadí cualquier lógica numérica y dejé que el dinero me guiara. Al diablo el puto Hank.

Le aposté a Monarchos aquel 2001. 3-1 al ganador. Como dije su victoria en el Florida Derby un par de semanas antes me hizo pensar que volvería a realizar la estirada. Para asegurarme lo investigué internet en las páginas de deportes. El semental estaba en la primavera de su ferocidad como rocinante de carreras. Tenía 3 años era un caballo grisaseo con manchas negras en las patas, muy diferente a los antiguos ganadores de pedigree.

Llegué a la mesa donde estaban todos los canastos donde podías registrar tu apuesta. Sandra me estaba esperando. Me abrazó y me saludó con un beso en la mejilla. Acaba de terminar con su novio y el bastardo estaba como a 4 metros de nosotros. Con planta de indiferente. Me causó gracia. -¿Vas a apostar?, me preguntó la magadalena. -Claro, le contesté. -El año pasado también gané. El caballo se llamaba Hal's. -Qué pilas, me contestó. Apunté mi nombre y dejé mi apuesta simbólica en un canasto. Yo todo un apostador profesional dejé caer el dinero en la canasta con aquel desdén como si tuviera millones.

Ella y yo íbamos y veníamos. Un beso por aquí, otro por allá, a escondidas. El despechado nos veía con esa apatía de dolor reprimido. -Yo tengo tu trofeo- le decía con la mirada mientras me mofaba. Hermoso. La carrera empezó a las tres de la tarde en punto. Me levanté a la mesa de apuestas a traer mi trago y me di cuenta que el despechado había apostado a un pobre enclenque que estaba 12-1. Perro ingnorante.

En la recta final y con la euforia hasta el cielo, todos los asistentes gritábamos para que nuestro caballo ganara. Los últimos momentos fueron de puros gritos, alaridos hasta que Monarchos atravezó la línea de meta con 3 cuerpos de ventaja. Sandra me abrazaba y yo levantaba mis brazos en señal de victoria. Ella me adoraba. Solo otros dos más nos repartimos el premio. Qué te parece? le pregunté... -Sos lo máximo-, me dijo. Él, derrotado, el gran perdedor. Yo con trofeo y dinero. ¿Se puede pedir más? ¿Se puede tener todo?... por lo menos esa tarde. Si.

lunes, 15 de febrero de 2010

MISÓGINO EN POTENCIA (Relato)

Desperté. Desperté de una gran noche. Me perdí tanto en el sueño que ahora, no siento mi cuerpo. Después de 10 horas, el día será simple y habría más. Hoy es el día que saldremos con ella. Desde hace mucho que quería verla, escucharla y sentir su proximidad. Recorrer, con mis ojos fulgurantes, su silueta y después contemplar su alma.

-Levantate ya, porque me tenés que ir a dejar temprano-, replicó mi madre con un tono de que todo es para ayer y sos un lento e inútil. Decidí levantarme rápido. Había inspiración. Y hoy podría aguantar cierta cantidad de abuso porque esa invitación a salir, que siempre fue muy esperada se concretaría. Así que hice todo de acuerdo a las órdenes de mi madre pero no quedé bien. A veces todo no es suficiente. El tráfico hizo de las suyas y llegamos tarde. Me cayó un baño de azufre de reclamos por parte de mi madre. En fin, que todo sea por verla a ella, mi esperada cita, hoy en la tarde. Así que inicié la ruta hacia mi lugar de trabajo con una sonrisa estúpida estampada. Iba cantando la canción de los Pitufos cuando comienzan su jornada diaria.

Me senté a trabajar y empezó una plática entre compañeros de trabajo. -Te vas a Francia?, le dijo mi compañero. -Sí, -contestó ella presumiendo- 1 año, todo pagado a estudiar una maestría. Y mi novio también se va a estudiar a Europa, pero él va a Alemania. Y como siempre lancé mi comentario mala taza: -Ah, bueno. Por lo menos van a tener sus visitas conyugales mensuales, dije y me reí. Mi compañero también estalló en risa. Ella se levantó y salió diciendo: -ustedes son unos patanes. No sé ni por qué les hablo- dije, -qué sentida.

Salí de la oficina a pedir unos datos para un reporte y en mi recorrido iba recordando mi primera conversación con ella. En su sonrisa, sus manos, y con la pinche curiosidad de saber cómo besa. Me detuve a ver un partido de voleibol. Un violento remate acabó con el set y … -Estúpido- me dice, aventándome mientras el café de la impertinente caía en mi pantalón. ¿Qué diablos le pasa si estoy aquí parado? Usted fue la que no me vió. Y como si me retara dice -Ahora me paga mi café. –Tres le voy a pagar, le contesté como 11 mil diablos. Mejor me fui. –Imbécil- alcancé a escuchar. Puta madre qué suerte más cerota la de hoy. Tendré que volver a casa a cambiarme.

Regresé, y para mi suerte mi madre no estaba. Así que me cambié y cuando iba de salida llegó mi mamá. –¿Qué te pasó?- preguntó. –Me tiraron café en el pantalón.Y ahora voy a tener que lavar dos veces, como a vos no te cuesta nada y ni lavás tus calzoncillos cagados. –¿Qué diablos te pasa? Fue un accidente. ¡A la puta!, dije y mejor huí, si no la cosa se pondría peor.

Me cae un mensajito al teléfono. –¿Qué le parece cena y película para hoy en la noche?. Estacioné mi carro y la llamé. –Excelente me parece. Nos pusimos de acuerdo para el lugar y la película que íbamos a ver. Siempre terminando la conversación con esos coqueteos emocionantes. Colgué. ¡Siiiii! Grité y levanté mi puño al cielo como Rocky. A punto de mi baile estaba cuando venía una chava de la oficina que había sido mi interés amoroso hace 5 meses y a la que, estúpidamente, le había expresado mis sentimientos y, claro, me rechazó. Esos momentos tan incómodos. Si algo me cae mal es besar y que la otra persona solo levante la mejilla y ni me besen, y ella lo hizo. Pero me peló. Al fin y al cabo, ya no vale mayor cosa para mí. Y para ella yo soy menos que un conocido; y así son las cosas. -Que te vaya bien y me fui aliviado. Regresé y mi compañera de oficina tenía hinchado el hocico de enojada.

Era las 4:30 PM cuando la llamada. Como si te avisaran que alguien murió. Era ella. -Me dirá que me está esperando, -pensé mientras veía mi celular y su nombre iluminaba mi horizonte- o, que ya no aguanta las ganas de verme,- pensé. Así que le contesté. -Sí, aló. ¿Cómo está corazón? -Un poco mal –me contesta con una voz de caverna- Fíjese que tengo migraña y no voy a poder llegar. ¿Me perdona?Sí claro, no tenga pena que siga mejor y la llamo más tarde, -le dije con tono preocupado y ya como la gran puta. Colgué y empezó la sarta de preguntas. Simplemente no entiendo. ¿Para qué diablos tanta carreta, si al final ya no vamos a salir? -¡Qué loca!. Qué rollo esa chava. Con todo en los suelos regresé a mi casa. Entré mi carro al parqueo. Y me encerré. No quería ni ver a mamá. Gracias a Dios no me habló en el resto de la noche. Un par de horas después me conecté a Internet y entré a Facebook. Me metí a su perfil para saber qué le había pasado. Si había algún mensaje que le deseara feliz recuperación, pero no. No pude entrar a su perfil. Me borró.

viernes, 15 de enero de 2010

CRÓNICA DE UN FINAL INTENSO


Siempre lo supo. Ella era. Desde que la tomó de sus manos. Mientras caminaban para ningún lugar agarrados de las manos. Con los dedos entrelazados, él apretaba los dedos de ella. Ella se quejaba con una mirada tierna y después le devolvía el apretón. Él sonreía y encantado que le siguiera la corriente. Él se quejó también, se dolió, frunció el ceño, y volvió a apretarla mientras caminaban. Ella se le puso enfrente y le susurró con ternura: -Me duele- y con los labios entreabiertos le besó el cuello por un par de segundos. Él la abrazó fuertemente para enseñarle que en un abrazo existe el amor real. Y luego buscó sus labios. Ambos se fundieron. Él olía su perfume. Saboreaba su saliva que como elixir y la bebía desesperadamente. Suspiros y suspiros. Él recorría su espalda con sus manos y la cargaba. Ella sobre sus puntas de los pies, jugaba con su cabello y acariciaba sus mejías mientras se perdía en otro universo. El mundo dejó de existir por primera vez.

Pero eso se borró en un microsegundo. Ella poseída por tanta recriminación, culpa y furia, tiraba todo por la ventana. Como si no valiera absolutamente nada. Ya no quería saber nada de la relación. Él intentaba y peleó en el último momento. Quería saber porqué diablos ella no salía de aquel ostracismo o trauma que se veía a leguas y que no le impedía entregarse totalmente. Él siguió cuestionando, interrogando, puro detective con pistola en mano. Ella se negaba a contestar. -Estoy en mi derecho de no decir nada- dijo como si estuvieran en una oficina cerrada con varios detectives mirándola. Él siguió provocando, no entendía su comportamiento retraído. Le extrañaba que un cumplido le pareciera incómodo. Recordó cuando ella había sacado buenas notas en clases de arte, psicología y literatura y siempre le decía que era muy inteligente, que debería dejar ingeniería y estudiar algo que a ella le gustara. Intentó persuadirla que su llamado era otro. Pero ella se negó, quería ser ingeniera cuando ya varios catedráticos le decían que se dedicara a otra cosa. Una vez se lo dijeron frente a él. Sólo pudo apretar el puño mientras ella lloraba.

-Ya me harté que siempre me preguntés qué me pasa. -Yo también, porque intento entenderte y quiero saber qué te detiene. ¿Porqué sos tan sumisa?, ¿Porqué diablos no querés tener sexo?... ¿Porqué?... La bomba cayó. ¡PORQUE ME VIOLARON!... Él vio como de su ojo caía una lágrima de odio; nunca había visto nada igual. Ella temblaba. Y es que toda su vida la había definido por un acto violento. Él ya no dijo nada. El corazón se le rompió y dos terremotos ocurrieron en Japón. La vio e intentó abrazarla pero se quedó paralizado. Ella siguió alegando y lo alejó inclinándose para tras y escondiéndose en en su pelo. Le reclamó su insistencia, su necedad y sus ganas de joder. Él entendió muchas cosas. Su baja autoestima, sus miradas cabizbajas, su repulsión al sexo. Y aquella excusa que hasta que se casaran tendría sexo, fue una gran tomadura de pelo. Vámonos de aquí, dijo ella. Se levantaron de la mesa y pagaron. Después él intentó buscar en la palma de su mano aquel calor y ternura que siempre le transmitia cuando la quería más que a nadie. Su palma fría. Ella tenía la mirada en el piso. Él la soltó y se fue. Ella también hizo lo mismo. Jamás volvieron a verse.

viernes, 11 de diciembre de 2009

EL SENSIBLE FALLECIMIENTO DE BIC (Relato)


Me gusta platicar con ella. Me captura con sus ocurrencias aunque a veces estén fuera de lugar. Tiene otros ángulos en sus conversaciones y aunque a veces no la entienda, la comprendo. Ojalá tuviera esa paciencia desde hace mucho. Y eso está bien, entender me mantiene humilde. Aaah los egos. Ese día tenía ganas de molestarla. Tengo ese don, espero que no sea una muletilla para caer bien. Necesito crecer o cambiar mis habilidades de convivencia; haré lo segundo. Prometo, algún día, tener formalidad. Como sea, subí a su oficina. Ella trabaja sola en su oficina. Tiene a Borges cual Cristo héroe en el altar. Necesito conseguirme uno, es decir, un héroe. No creo en los humanos y los héroes se me acabaron. Ella absorta en su trabajo. Yo gran shute, realicé un paneo inquisidor por su escritorio. Tenía su celular despedazado como si acabara de suicidarse tirándose desde 1 metro de altura. Quiero pensar que intentó salvarlo y que con las uñas intentó atraparlo rogando porque al pobre aparatejo le salieran sus manitas y se salvara aferrandose con fuerza a su dedo meñique. Las suposiciones son malas dicen todos, así que mejor pregunté.

-Qué le pasó a tu celular?
-Murió... me dice volteando la mirada y con ojos nostálgicos.
-Con razón yo te llamaba y no me contestabas.
-Lo voy a enterrar
-Así?

Me vino el recuerdo como rayo aquella vez que hice mi primer y único servicio funerario. Fue a un lapicero azul. Me acompañó por cuatro meses cuando estuve en un internado. En una clase al maestro se le ocurrió que todos teníamos que hacer un diario. El bolígrafo se convirtió en mi confidente. Fue mi medium para exorciszar traumas y abusos de los cuales era sujeto por medir 1 metro con 40 centímetros a los 13 años y pesar 80 libras. Cuando al fin me escapé del internado lo cuidé mucho. Estaba pendiente del bolígrafo, le tomé cariño. La tinta iba por la mitad. Nunca había tenido un lapicero que me durara tanto. Era terrible y emocionante ver como se consumía. Ha sido el únido que me he acabado en lo que llevo de vida. Cuando dejé de escribir en mi diario, el lapicero perdió su nivel de confidencia y se convirtió en otro más. Sabría que tarde o temprano se perdería. Es raro saber que pasó de confidente al desapego instantáneo en días. Se rompió la amistad creo. Sin embargo lo cuidé bien y el día final llegó. En abril dejó incompleta la palabra civilización en civil en mi cuaderno de estudios sociales. Lo guardé y no tuve tiempo para el duelo. El dictado seguía y me estaba retrasando, así que conseguí otro.

-¿De véras vas a enterrar tu celular? ¿Y dónde?
-No sé todavía, creo que en mi jardín.

Llegué a la casa y me dirigí al jardín. Allí desarrollaría el servicio funerario. Escarbé unos tres centrímetros de profundidad y saqué el lapicero con las dos manos. Lo deposité en la fosa con cuidado para no golpear el tapón. Lo cubrí con tierra y le puse un pedazo de azulejo como lápida para saber donde estaba. Corté una hoja de geráneo y se la puse encima para que supiera que lo extrañaría.

-No sabía que eras tan sensible hasta con las cosas.
-Me ha aguantado mucho el teléfono y no quiero comprar otro.

Vaya sensibilidad, me dije.

Recordé, cuando de niño cinco años talvéz, me recosté en el sofá y cuatro moscas volaban alrededor mío. Hasta hablaba con ellas. Henry, le puse a una, era la más juguetona y amistosa. Aterrizaba en mi mano y en mi nariz. Las cosquillas me daban mucha risa. A las otras cuatro les costó agarrar confianza pero pronto cayeron en el juego. No sé porqué ocurrió aquel jugueteo con esos insectos. Siempre me pregunté porqué pasó ese incidente con las moscas y la razón pronto aparecería. Por aquellos días no me gustaba bañarme y adopté la costumbre de hacerlo cada ocho días y me gustó pensar que como niño era amistoso, inquieto y afable, y para nada el monstruo en el que me he convertido. Hoy que ni se me acerque una mosca que la hago puré y aclaro me baño todos los días y a veces hasta en dos ocasiones.

-Siempre podés comprar un celular mejor, -insistí.
-No porque este me ha salido bueno y me gusta.

Las cosas que uno hace, pensé. Un par de meses después del fallecimiento del bolígrafo y sin nada qué hacer en la casa de mi papá, regresé al lugar donde yacía "su cuerpo". Pensé que estaría disfrutando del descanso eterno. Que como buen lapicero que nunca falló se fue al cielo. Me quedé pensando 10 segundos y después... Bah. Lo exhumé y lo tiré a la basura. Son babosadas -me dije, y mascullé para mis adentros... -¡Qué ridículo soy, al diablo con las cosas!.

jueves, 29 de octubre de 2009

ANTIROMANCE (Relato)


Ya todo lo sufrí en el amor, ahora quiero sexo. Pero no será fácil. Habrá que conseguir amigas con derecho o novias nostálgicas que les guste el revolcón. Tengo mis habilidades como loverboy. Mi corazón no juega a la traición, ni modo. Cogerse a una puta es complicado. Se necesita sangre fría. Cosa que no tengo. Y tengo unas ganas bestiales de coger, solo para poner la banderita en la pancita que se te hace después del ombligo. Hay veces que con ver porno se me quita, pero no es suficiente. Tendré que ajusticiarme sin piedad, solo para tranquilizarme, después con la costumbre de verte todos los días se me hará fácil no desearte. Te lo haría mujer. Será una castración espiritual. Trataré de prolongar ese trance postpaja que me evita sacarte a patadas de mi cama imaginaria. Por que sé que sos la equivocada.

Entró... y de pronto la vió de nuevo. La reflexión que maquinaba para justificarse huyó en ese segundo. Hoy vino como a él le gustaba. Un super jeans violador y el perfume suave y dulce como una caricia que baja tocando pecho y lentamente abre el cierre del pantalón. -Maldita sea, se dijo. Igual entró, rápido, sólo para verle el culo que traía. Vaya -decía- ¡qué yegua! esas piernas que llegan a Petén. De sus labios se dibujaba una depravación sexual... animal... Se fue a sentar a su escritorio. Incómodo, se puso a trabajar.

No le cuadraba el balance de unas cifras. En esas estaba cuando sintió su aroma. Suspiró profundamente. -Hola, dijo ella con esa sonrisa coqueta. -Cómo te encanta que te mire verdad, -pensó él.-Hola, contestó. ¿Y qué haces niño? -Aquí trabado con unas cifras. ¿Y tú qué tal?-Bien, fijate que ayer fui al cine y vi la de Johnny Depp, me encanta ese hombre. -Me cae bien en Piratas del caribe. -Esa es buenísima, busquemos fotos de Johnny. -Ok, dijo con tal que se quedara. Abrió google, tipeó al fulano y pinchó en imágenes. Ambos vieron una foto extraña de Depp. -¿Qué es eso? y ella se levantó de su silla acercando sus ojos a la pantalla mientras estiraba todas sus piernas y levantaba el culo redondo para quedar en ángulo de 90 grados. La cadera quedó a la altura de su nariz y con la mirada revisó aquella redondez hasta que se le reventaron los pixeles. Miraba cómo se contraía su estómago con la respiración y cuando hablaba, bueno, él escuchó un sonido que salía de su boca, que movió todo su cuerpo. Al parecer se rió y ese temblor lo sintió como si tuviera un orgasmo con ella. Qué risa más violenta. La mirada iba y venía. Ni hablemos de la erección. Ese día casi revienta los botones del pantalón. No tenía ziper y pensó en que en cualquier momento se le salía la verga corriendo a buscarle las nalgas y metérsele como el animalejo de Matrix cuando se le metió en el ombligo a Neo.

-Bueno... te dejo, le dijo. Ok contestó entrecortado. Uff... la erección le duró 2 horas y se dijo. -Un hombre no puede aguantar tanto. Pensó en el baño del trabajo para hacerse una paja pero a penas llevaba dos semanas y le dió clavo, además el baño no tiene ventana y el olor sería fuerte, concentrado, digamos. Huyó 20 minutos antes de la 1 de la tarde para ir a "almorzar" pero la verdad era un "sexo almuerzo" con él. Fue a su casa y la escena la tenía presente junto con la erección y optó por matarse a pura paja de abundante semen. El corazón se le subió al cerebro y temblaba. Al fin bajó la erección. Ya tranquilo regresó al trabajo y él como si nada. Sintió mucho alivio y por la cantidad de la segregación seminal, lo suficientemente orgulloso como para satisfacer a un semoviente. Hasta pensó en criogenar a sus animalitos por si una bomba cae en África y necesitan de su ayuda para repoblar. Así de aliviado.

Al otro día entró tranquilo a su lugar de trabajo, esperando que no le fuera a dar otro susto como el del día anterior. Atravesó el vestíbulo y nada. Cruzó a su oficina y la vió mientras se preparaba un café, sin advertir su presencia. La recorrió desde sus zapatos de tacón negro en un recorrido cinematográfico ascendente por sus medias negras y un vestido de minifalda rosada, de esas minifaldas que se levantan con un estornudo. -Por la gran puta, y se le hizo agua la boca. Entró la saludó como para comérsela y se fue a sentar, casi temblando. Puta y faltan 4 horas para el almuerzo. Sufrió. A las dos horas le bajó la erección. Pero ella llegó, quería su admiración y la mirada sexual sólo para hacerlo sufrir, sabía que podía hacer lo que quisiera con él pero torturalo le provocaba placer, además ella tenía quien le quitara las ganas. Se sentó a su par, otra vez y le mostraba las piernas. Se puso a platicar con alguien más y se sobó las piernas lentamente. Los muslos salían a saludar. Qué tormento. Para un conservador eso sería un acoso. Pero para él fue una excusa para salir huyendo 2 horas después para irritarse la verga. En la noche volvió a repetir el proceso de sacudirse nuevamente. Ya me controlaré, dijo y se subió el calzoncillo. Maldita perra.

jueves, 10 de septiembre de 2009

EL PURO VENENO (relato)


-Mirá vos cerote esa puta de tu traida era mi traida hace tres días. -No chingués- contestó asustado. -¿Y te la cogiste?, -Me la agarré como capirucho y para que sepás que si le ví la pusa, tiene un lunar entre el muslo y el labio de la cuca. -Tu madre cerote -replicó indignado. -La tuya comemierda hijo de puta, -contestó airado. Pero si ella me dijo a mí que vos eras su cuate. -Bonita cara de mula nos vio, pero vos las vas a pagar quedando como mula mayor porque te vas aquedar con ella. Esta llamada es para advertirte. -A si pues-, dijo en tono irónico. -Que te aproveche esa cerota y cuando le chupés las tetas, enterate que yo le acabé allí y me la cogí por el culo malparido cerote. -TU MADRE HIJO DE PUTA AHORA ES MI TRAIDA, -cortó la señal del celular. El despechado agarró otro número y pensó: -¿a quién putas más le digo la cagada de esa cerota?... y escogió un amigo cercano de la susodicha para vomitarle todo el veneno. -Vos flaco... -qué onda vos cómo vas- preguntó. -Esa cerota de tu amiga es una puta- habló desconsolado y compungido. -Qué pasó? -Que esa cerota era mi traida y me dejó por otro cerote que se llama Juan Díaz y trabaja con ella. La muy mierda le dijo que no éramos traidos y el otro cerote le cayó y solo va a jugar con ella, vos. Decile que regrese conmigo, que yo sí la quiero a la muy puta. Vos cerote... que grueso... -Silencio- vos y desde cuando eran traidos? -Desde hace 2 meses. -Puta y porqué no dijeron nada entre toda la mara? -Por mula que fui, la hija de puta me la hizo.... -Y vos querés regresar con ella... no hombre no seas mula. Dejala que se vaya a la mierda. - Y después preguntó. -Vos cerote... ¿Qué putas? -replicó acongojado- Vos, y te la cogiste - A huevos y dos veces- le contestó. -Éste cerote. Mandala a la mierda- le dijo como tratándolo de consolar. -La van a tratar mal vos... decile que regrese que yo si la quiero-. Vos cerote y cómo te mandó a la mierda? -Me mandó un correo por internet la muy cobarde hija de puta. Ni siquiera tiene los huevos para decírmelo en la cara. -A la verga... va dejame hablar con ella pues... Colgó y nunca volvió a responder una llamada del despechado por más que éste lo llamara 20 veces.

-Puta, esa cerota- mascullaba miles de maldiciones con el puño cerrado mientras caminaba haciendo círculos en el cuarto. -Pero que no me la vaya a encontrar al cerota porque le voy a decir que es una hija de la gran puta cobarde y mentirosa. -Vos... -qué putas- contestando de mal modo -te llaman. -De plano esa cerota se arrepintió -dijo a sus adentros- Aló? Buenas usted es Roberto? Sí... Quién es usted? preguntaba extrañado. -Yo soy la mamá de María José. -Puta que cobarde esta cerota mete a la mamá para que le resuelva sus vergueos-, pensó. Mire yo lo llamaba para decirle que deje de hablar mal de mi hija porque ella es una buena persona. -Buena persona JAJAJA, no me haga reír señora. Esa su hija la tiene bien engañada. -Ya no me la moleste mire que... -vieja alcahueta le cree todo lo que le dice su hija. -Mire- interrumpió la mamá subiendo el tono de voz- joven no sea abusivo no me hable así. Ella me dijo que usted solo era su amigo -le contestó entre consternada y enojada. -Ni mierda, no... eramos novios. -Ella a mí no me dijo nada. -Já y se va a meter la verga ella pues?. El novio se llama Juan Pablo y trabaja con ella. -Pero si no me ha dicho nada-, insistía la mamá. -Déjela jovencito si es que alguna vez tuvo cariño por ella. Yo le dije a mi marido que iba a resolver esta situación así que le pido que deje a mi hija en paz. -Mire señora, usted su marido y su hija se pueden ir mucho a la mierda. Vieja alca... .... Se cortó la señal. La cola de insulto que iba a escupir con tanto odio fue interrumpida. En total amargura y odio medular, solo le quedó sanar. Se tardaría unos 2 años en olvidarla un día. Cada minuto y segundo pensaba qué diablos le iba a decir si se la encontraba, recitaba un discurso que tenía preparado, todos los días y en cada momento lo ensayaba.

Pasaron 6 meses y un sentimiento agridulce recorrió su cuerpo cuando supo que la susodicha había metido las patas (se había embarazado) y se tendría se tendría que casar a fuerza por el "qué dirán de la sociedad". También supo que nunca volvería a verla para enmendar la situación y a lo mejor, volver con ella, aunque sea quererla con hijo ajeno; a como diera lugar para que triunfara el amor. Después reaccionó como si hubiera chupado un centavo. El daño a la pareja estaba hecho. La venganza completa. Reía, sí, pero no era feliz. Y cada vez que lo recordaba, una sonrisa se le dibujaba en el rostro. Gran orgullo sentía.