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viernes, 11 de diciembre de 2009

EL SENSIBLE FALLECIMIENTO DE BIC (Relato)


Me gusta platicar con ella. Me captura con sus ocurrencias aunque a veces estén fuera de lugar. Tiene otros ángulos en sus conversaciones y aunque a veces no la entienda, la comprendo. Ojalá tuviera esa paciencia desde hace mucho. Y eso está bien, entender me mantiene humilde. Aaah los egos. Ese día tenía ganas de molestarla. Tengo ese don, espero que no sea una muletilla para caer bien. Necesito crecer o cambiar mis habilidades de convivencia; haré lo segundo. Prometo, algún día, tener formalidad. Como sea, subí a su oficina. Ella trabaja sola en su oficina. Tiene a Borges cual Cristo héroe en el altar. Necesito conseguirme uno, es decir, un héroe. No creo en los humanos y los héroes se me acabaron. Ella absorta en su trabajo. Yo gran shute, realicé un paneo inquisidor por su escritorio. Tenía su celular despedazado como si acabara de suicidarse tirándose desde 1 metro de altura. Quiero pensar que intentó salvarlo y que con las uñas intentó atraparlo rogando porque al pobre aparatejo le salieran sus manitas y se salvara aferrandose con fuerza a su dedo meñique. Las suposiciones son malas dicen todos, así que mejor pregunté.

-Qué le pasó a tu celular?
-Murió... me dice volteando la mirada y con ojos nostálgicos.
-Con razón yo te llamaba y no me contestabas.
-Lo voy a enterrar
-Así?

Me vino el recuerdo como rayo aquella vez que hice mi primer y único servicio funerario. Fue a un lapicero azul. Me acompañó por cuatro meses cuando estuve en un internado. En una clase al maestro se le ocurrió que todos teníamos que hacer un diario. El bolígrafo se convirtió en mi confidente. Fue mi medium para exorciszar traumas y abusos de los cuales era sujeto por medir 1 metro con 40 centímetros a los 13 años y pesar 80 libras. Cuando al fin me escapé del internado lo cuidé mucho. Estaba pendiente del bolígrafo, le tomé cariño. La tinta iba por la mitad. Nunca había tenido un lapicero que me durara tanto. Era terrible y emocionante ver como se consumía. Ha sido el únido que me he acabado en lo que llevo de vida. Cuando dejé de escribir en mi diario, el lapicero perdió su nivel de confidencia y se convirtió en otro más. Sabría que tarde o temprano se perdería. Es raro saber que pasó de confidente al desapego instantáneo en días. Se rompió la amistad creo. Sin embargo lo cuidé bien y el día final llegó. En abril dejó incompleta la palabra civilización en civil en mi cuaderno de estudios sociales. Lo guardé y no tuve tiempo para el duelo. El dictado seguía y me estaba retrasando, así que conseguí otro.

-¿De véras vas a enterrar tu celular? ¿Y dónde?
-No sé todavía, creo que en mi jardín.

Llegué a la casa y me dirigí al jardín. Allí desarrollaría el servicio funerario. Escarbé unos tres centrímetros de profundidad y saqué el lapicero con las dos manos. Lo deposité en la fosa con cuidado para no golpear el tapón. Lo cubrí con tierra y le puse un pedazo de azulejo como lápida para saber donde estaba. Corté una hoja de geráneo y se la puse encima para que supiera que lo extrañaría.

-No sabía que eras tan sensible hasta con las cosas.
-Me ha aguantado mucho el teléfono y no quiero comprar otro.

Vaya sensibilidad, me dije.

Recordé, cuando de niño cinco años talvéz, me recosté en el sofá y cuatro moscas volaban alrededor mío. Hasta hablaba con ellas. Henry, le puse a una, era la más juguetona y amistosa. Aterrizaba en mi mano y en mi nariz. Las cosquillas me daban mucha risa. A las otras cuatro les costó agarrar confianza pero pronto cayeron en el juego. No sé porqué ocurrió aquel jugueteo con esos insectos. Siempre me pregunté porqué pasó ese incidente con las moscas y la razón pronto aparecería. Por aquellos días no me gustaba bañarme y adopté la costumbre de hacerlo cada ocho días y me gustó pensar que como niño era amistoso, inquieto y afable, y para nada el monstruo en el que me he convertido. Hoy que ni se me acerque una mosca que la hago puré y aclaro me baño todos los días y a veces hasta en dos ocasiones.

-Siempre podés comprar un celular mejor, -insistí.
-No porque este me ha salido bueno y me gusta.

Las cosas que uno hace, pensé. Un par de meses después del fallecimiento del bolígrafo y sin nada qué hacer en la casa de mi papá, regresé al lugar donde yacía "su cuerpo". Pensé que estaría disfrutando del descanso eterno. Que como buen lapicero que nunca falló se fue al cielo. Me quedé pensando 10 segundos y después... Bah. Lo exhumé y lo tiré a la basura. Son babosadas -me dije, y mascullé para mis adentros... -¡Qué ridículo soy, al diablo con las cosas!.

lunes, 16 de noviembre de 2009

LA QUIETUD DE NOVIEMBRE

Tengo la vista encendida. El sol revive a placer el azul del día. La gentil bruma esconde las montañas que asoman dibujadas en la distancia. Las hojas de los árboles se mueven en un vaivén microscópico donde el aire no existe. Los insectos vuelan sin un aleteo gratuito y brincan de flor en flor con temor a caerse. Un helicóptero rompe con esa paz fotográfica. Entra y se aleja de mi visión perimetral y cuando desaparece mis oídos lo siguen. El sonido de sus hélices escarba un amor profundo, intenso y doloroso que resuena 10 años después. A lo lejos un hombre se levanta lentamente. Listo para ser fusilado se pasa la mano por el pelo en señal de despedida. Ella baja la cabeza y esconde la mirada en su cabello mientras una lágrima cae como bomba atómica. Sus ondas de tristeza retumban un leve vaivén que mueve las hojas de los árboles. Él se aleja. Ella, inmóvil, no deja escapar un sollozo; sabe que su historia de amor llegó a su fin y que es hora de comenzar y reconstruir la fe.

Un viejo encorvado camina por la calle arrastrando piedras y todo tipo de memorias. Su rostro, destruido por la vida, descubre las expresiones mayúsculas de eternas preocupaciones. La muerte será quien lo abrace y le permita descansar; será pronto. Los rayos del sol acarician y son bondadosos. El aire ausente, sin ser extrañado, deja que un par de avispas vuelen en un cortejo propio del verano. Un carro transita lentamente. Su recorrido es parecido a un perfecto recuerdo de infancia, donde las preocupaciones solo existieron en el bolsillo de los padres reflejados en los escasos platos de comida. La quietud de un día de noviembre se resuelve con un frío acogedor por la tarde. Es entonces cuando recuerdo las caricias vitales y tibias de tus manos cuando recorrieron mi rostro. Tus ojos encendidos, despertaron mi ternura mientras cerraba los míos y pedía la muerte por felicidad como un premio, y que me era negada solamente porque eras mi refugio.

Un par de carros se detienen frente al parque. Ella baja con su hija y él baja anunciando un abrazo. Antes de sacar la comida, disfrutar de las viandas y tender la manta sobre el pasto verde encendido, le da un beso y tres nalgazos en señal de profundo amor y devoción. Todos reímos. Entran al parque a disfrutar de un día de paz de noviembre. Las nubes no se mueven. Levanto la mirada al sol y me saluda con un guiño.

martes, 16 de junio de 2009

HERMOSA ASTRID DEL LOYOLA


Odiaba el Loyola. Pasé 6 años allí, con los más detestables compañeros, odiosos profesores y un clima fascista-religioso que inspira una canción un tanto estúpida como Jesús verbo no Sustantivo de Arjona. No me preocupaba tanto el cuestionamiento de una religión, sino luchar por una paz mental y poner fin al miedo.

Ese año empezaba mal. No quería estar allí. Nuevo uniforme y un día de enero lluvioso. La entrada era a las 7 de la mañana. Llegué empapado y con mucho frío. Sabía de las condiciones a las que seríamos sometidos. Todos los alumnos de la mañana y la tarde revueltos en 5 clases de primero básico, 2 de básico y 1 de tercero; el colador inclemente.

Tenía buenos recuerdos del Loyola, los mejores con amigos rechas. Con el equipo de fútbol conformado con los poco habilidosos metí mi primer gol. Una doble gambeta y tiro de tres dedos para fulminar al portero y la pelota de plástico perforó dignidades. Nada como un gol para ganarte el respeto de los jugadores de “segunda”. Con esa joya ganamos y “los mejores” solo intentaban, y cada vez que disparaban a nuestra portería siempre había alguien de otro partido que servía de estorbo. Esto porque en cada cancha había 8 partidos desarrollándose así que todos nos estorbábamos.

Dentro de esas primeras veces recuerdo a Astrid de quinto primaria, una compañera de clase que una vez me fue a hablar: -Hola Allan-, con una coqueta sonrisa y un tanto nerviosa, pero aventada. Tenía los dedos cruzados como quien venía pidiendo pelo. Tanto juego infantil que da vomito recordar, desde los quemados y los golpes en la mitad del brazo, hasta los Alka Zeltser; esa vez toco Alka Zeltser- fijate que jugando Alka Zeltser, me dijeron que te diera un beso. Carmen, su compinche, iba con ella, para ver si cumplía con la penitencia. Se acercó, y abusiva la ishta, me besó en la boca. Beso tierno de 1 segundo y se separó de mi con mucha lentitud. Gracias, -me dice con una sonrisa y toda colorada, y yo, con cara de idólatra pagano. Desde entonces fuimos muy amigos en la clase pero ya no pasó nada más, dentro de mi paranoia y visiones futuristas me imaginé muchas cosas con ella.

Recordando ese beso estaba cuando pasó con su novio. Un rubio idiota que la trataba como un pedazo de suela el maldito. Yo tenía 13 años y apenas medía 1 metro 50 centímetros. Él me llevaba 15 cmts. Todos comentábamos de cómo era posible que la chava se dejara. Era una visión verla cuando se estiraba antes de jugar voleibol. Sus diminutos shorts negros y sus nalgas paradas; ella de 13 años también pero ya se notaba autoridad de mujer. Sus senos no se movían y cuando cerraba sus ojos al estirarse un halo virginal brillaba y te imaginabas un profundo beso en sus labios y la más infinita ternura brotaba mientras gemía en cada movimiento labial y recorría tu espalda con sus suaves manos, mientras temblaba en tus brazos. Cuando cerraba sus ojos es como si tuviera dos vidas. Sus encendidos y fulgurantes ojos cafés daban testimonio de devoción infinita y si los cerraba te transmitía un placer exquisito. Te imaginabas una penetración virginal en sus movimiento de práctica, cada vez que abría sus piernas. Te perforaba los oídos su dulce gemido (para nunca olvidar) mientras se rinde y se funde con tu vida. Casi podía salvar mi vida sólo con su aliento y su saliva; no pedía mucho, sólo su sabor. Y su orgasmo afloraba con movimientos incontrolables, labios trémulos y lágrimas que escapaban sin entender tan intensa entrega en esa primera vez, (su dulce muerte) que nunca volverá a repetir. Soñaba con sus ojos brillosos acompañados de secuelas post orgásmicas y temblores convulsos. Me imagino igual en esa situación. Me levanté y fui a jugar fut.

lunes, 1 de junio de 2009

A SANARATE: BUSCANDO A MI PAPÁ PARTE VI FINAL



Dos semanas duraría la estancia de mi papá en aquel sanatorio. En sus venas correrían vitaminas, drogas y sedantes para regresarlo. Cuando regresé a mi casa me sentía tranquilo. Me quedé con cierta inquietud de saber si se acordaría de nuestra alegata y maltratada. Me confundía mucho su forma de actuar. Cuando era el tipo normal parecía que el hombre siempre tenía las respuestas de todo. Mi padre era una persona inteligente y en su profesión era respetado. Yo viví un año con él. Y sus conversaciones, cuando me tenía que decir algo, no en forma de putiada, sino que una conversación entre padre e hijo, intentaba conectar conmigo; yo le creía poco. Sus acciones eran contradictorias. Siempre me pregunté porqué mi padre nunca tuvo amigos, buenos amigos, que le platicaran y le dijeran que no tirara toda su vida al barranco. Tal vez si los tuvo pero es muy posible que se rindieran por su actitud.

Estaba nervioso en los días previos. Mi hermano lo fue a traer en carro con nuestro vecino. Entró se bañó, empezó a arreglar sus cosas porque tenía que regresar a Sanarate ese mismo día. Era medio día así que yo estaba comiendo y pasando muy lentamente la comida por la garganta. Mi mamá era otra cuando él estaba sobrio. La cólera le había pasado rápido porque ya no le tuvo que aguantar la goma de dos meses, y le preguntó cuando venía camino al comedor si quería comer. -No gracias Dorita, ya me voy, -le dijo con aquella voz segura. Yo no lo volteé a ver. Regresó por su camisa, se la puso. Yo tenía la mirada clavada en la comida. ¿Qué me irá a decir?.

Bueno me voy, dijo. Vaya Fito que te vaya bien, le contestó mi mamá. Adiós mijo y se me acercó. -Disculpá por todo mijo, estoy enfermo y cuando uno es alcohólico no sabe lo que hace ni se da cuenta de la gente que hiere. (Me lo decía con una cara larga de vergüenza) Te quiero mucho y disculpame. Me levanté y me abrazó. Te cuidás y regreso el sábado.

Por primera vez lo aceptaba. Me quedé de una pieza. La puerta de la casa se cerró fuertemente y aquel eco rebotó por horas en toda la casa. Allá iba él, de regreso. Nosotros nos quedamos como si nunca hubiera pasado todo aquello. De vuelta a la normalidad. Mi papá regresaba a su trabajo, a salvar vidas. Recuerdo que cuando era pequeño me gustaba irme con él cuando lo llamaban para alguna visita médica. Era emocionante verlo, siempre en control de la situación. A los pobres indígenas les regalaba medicinas y la consulta. Llamaba a la señora que cuidaba el centro de salud para pedir una ambulancia y llevarse de emergencia al enfermo al hospital de Guastatoya. Salvó muchas vidas a pesar de todo. Siempre admiré esa cualidad que tenía de utilizar su profesión para salvar vidas y hacer el bien en vez de hacerse rico.

Algo pasó en ese Sanatorio que esa fue la última vez que tomó. Un año después tuvo que irse a Chiquimula a cuidar a su mamá, mi abuela, porque los síntomas del Alzheimer estaban presentes. Nunca hablamos de ese incidente con mi padre. 5 años después murió y fuimos a Sanarate a traer algunas cosas que había dejado en la casa donde vivía. Toda la gente se acordaba de mí y me contaban historias de mi papá que no sabía. Aquellas personas y conocidos de mi papá reconocían en cada saludo o abrazo que me daban lo que alguna vez hizo él por ellos. No me sentía merecedor de todos esos reconocimientos, pero me sirvieron para saber de alguna forma, quién era él. Tuve muchas contradicciones acerca de él. Por primera vez me sentí orgulloso del viejo y lo respeté mucho. Si tan sólo él se hubiera querido un poco. Igual, regresé contento. Todavía hoy, lo sigo buscando. Recuerdo que un par de meses después lo soñé. Dijo que estaba bien. Le conté a mi mamá y ambos sonreímos.

Primera parte
Segunda parte
Tercera parte
Cuarta parte
Quinta parte

lunes, 25 de mayo de 2009

A SANARATE: BUSCANDO A MI PAPÁ PARTE V



Mi madre putió con gusto y gana. No se reservó absolutamente nada. Hasta inventó nuevas formas de insulto. Reinventó la poesía, recitó una novela, los sonetos eran bellísimos, no digamos los cantos; casi le dimos el Oscar por Script original. Mi papá sentado en un sofá, aguantando la ola de maltrato con la mirada de un perdido. -Pero mañana te voy a joder cabrón, te voy a llevar a un sanatario para bolos mierdas como vos, le decía. Y es que en cada "chupa" de mi papá se venían memorias que con el tiempo divierten pero en aquel momento horrizaban.

El viejo bien "a verga" se saltaba la barda de 2 metros de la casa para ir a una cantina y quitarse la goma. Otra... cuando se llevó a mi hermano de 5 años a una cantina de la zona 1 para seguir chupando con sus amigos. Mi mamá y un tío salieron a la cacería del alcohólico y a las 3 de la mañana los encontraron. Mi hermano con una pantaloneta y una camisa en el piso abrazándose del frío, temblaba como si tuviera una convulsion. Mi papá como si nada. Vieras a Edgar, me contaba- el pobrecito cuando me vió me abrazó bien fuerte y no me soltó hasta que llegamos a la casa. No había comido nada desde medio día.

En la noche, mi papá llegaba a pedir un trago y nos despertaba a las 1 de la mañana: Dorita, Dorita, regalame un "traguito". No -le contestaba- Andá a dormite te acabo de dar uno. No hooooombreeeee, no me has dado, desde la cena -le contestaba en calidad de ruego divino. ¡No, no te voy a dar nada bolo!, le contestaba con esos alaridos muy de ella. Pero imagínense estas conversaciones cientos de veces dos veces al año en junio y diciembre y si, todas las noches. De repente daban risa. El otro rogón y la otra gritona.

Al otro día estábamos listos para llevarnos a mi papá al Sanatorio. Edgar le pidió favor a nuestro vecino de enfrente, Carlitos para que nos llevara en su carro. Bueno -dijo mi mamá- el Sanatario ya sabe, llévenselo al cabrón. Vestite porque ya te van a llevar al Sanatario. -Yo no me voy a ninguna parte alcanzó -a decir- me quedo viendo televisión. Vámonos Papa, le dijo Edgar. -Yo no me voy a ningún lado. La rogadera se extendió por mucho y yo me desesperé, quería que todo se acabara ya. Estaba aburrido de mi papá y su "debilidad".

De pronto se levantó del sofá de la sala y se fue a su cuarto. De aquí no me sacan -grito el viejo. Mi mamá alcanzó a detener la puerta para que no la cerrara y yo pude empujar. Estallé... ¡VÁMONOS AL SANATORIO YA!. YO YA ME HARTÉ DE SUS MULADAS, AHORITA NOS VAMOS, YA BASTA DE ESTARLO AGUANTANDO. MIS HERMANOS LO PUEDEN AGUANTAR PERO YO NO. Hasta a ellos les corté la cabeza. Los dos se me quedaron viendo al mismo tiempo. Vos te callás y no te metás conmigo que te voy a verguiar, me contestó. -VÉNGACE PUES VIEJO CEROTE. Él se paró como quien iba a pegar con el pecho y tratabillando extendió las manos. Se las agarré y lo empujé a la cama . Mis hermanos incrédulos. Mi mamá igual. Llévenselo así con la bata, reaccionó mi mamá. Yo estaba cegado y enfurecido; a saber qué cara tenía. Lo abracé con fuerza con mis brazos y lo saqué a la calle. -AUXILIO ME ESTAN SECUESTRANDO, AUXILIO ME ESTÁN SECUESTRANDO. -Cállese papá le decía Edgar. Vamonós Carlitos. Lo metí al carró a la fuerza, como a un preso. -No hombre Doctor si lo llevamos al Sanatorio para que se cure, le decía, Carlitos. -No es que ese lugar es una cárcel, tiene barrotes -renegaba horrorizado-.

El Sanatorio estaba como a tres cuadras del basurero de la zona 3. CONTINUARÁ y será uno más.

Primera Parte
Segunda Parte
Tercera Parte
Cuarta Parte

martes, 19 de mayo de 2009

BENEDETTI: TRES PARA ELLA


Me cuesta leer poesía. Aunque a César Vallejo, uno de los extraterrestes de éste género lo entiendo. Algo pasa en mi cabeza. Hace 8 días cuando salió Don Mario del hospital parecía que todo iba bien pero el mensaje fue: ya no podemos hacer nada por usted. Se me atravesó el Poemas de otros que ha sido el primer libro de poesía que compré en mi vida y que aún conservo.

Regalar un poema de Benedetti es casi como dedicar una canción de Luis Miguel o Armando Manzanero. Joan Manuel Serrat hizo un disco solo con la poesía de Don Mario. No he escuchado el disco; soy más Sabina que Serrat. Como sea por esos tiempos... 2004 conocí a una chava que aún me mueve el petate pero por cosas de la vida se fue y le dediqué tres poemas de Don Mario y eso, reconozco me da una vergüenza decirlo. Pero para qué es un blog si no es para que se rían de uno.

Tuve la idea super cursi de imprimir tres poemas y dárselos a manera de trifoliar en una hoja y decirle... (-Puta que vergüenza cualquier otra cosa que me pongan a escribir lo hago, pero esto da harta vergüenza) creo que estoy a punto de perderme el poco respeto que tenía...) Como sea le puse tres poemas.

1. Hombre que mira más allá de sus narices así me sentía en el pasado.
2. Táctica y estrategia Este significaba mi presente y estrategia para conocerte, LE DIJE...
3. Todavía Y este era, digamos, la estupidez esa del destino. Soñar con que era de verdad.

Todo iba bien... le gustaron los poemas y después la sospecha que se confirmó. Nunca había leído un libro de poemas en su vida. Me dice, tan chula. -Tu escribís así?... Le hice una sonrisa de ternura. Hubiera mentido pero bueno... -No son de un poeta que se llama Mario Benedetti. -Ah.. y luego la cara de decepción. Hasta pudo haber pensado: Que intenso éste chavo... que yo lo inspire para escribir así... En fin, me quedó como mandamiento, MENTIR. Sí se dice, los escribí yo... MULA. En el poema todavía hay una palabrita que ella no entendió. Cábala. Y me dice ¿Qué es cábala?... mi gorda, dije a mis adentros. Le explique y le metí una gran paja que era casi como por destino que íbamos a estar juntos... La verdad ni yo sabía. Eso me pasa por regalar poesía y a chavas que no saben. Ah -me dice- Es que a mí la poesía que me gusta es la de Ricardo Arjona.

A mis adentros dije no vuelvo a salir con una chava que le guste Ricardo Arjona y que nunca haya leído poesía. Me puse exigente.

Bueno, la relación esa (demás está decir que me dejó un poco dañado) terminó y un día me prestaron la película maravillosa: "El lado oscuro del Corazón" y El personaje principal seduce con un poema de Benedetti y cuando le recitó a una puta táctica y estrategia me dije: ¡jajajajaja... qué perderor! En fin como dice Benedetti Yo nostalgio, tu nostalgias y cómo me reviente que él nostalgie. Salud. Sí, yo sé bochorno. Reí joder... reí

Cómo me recuerda a Abdon Rodríguez Zea, ese fan de Benedetti a morir, que declamaba en sus programas de radio y en la tele cuando terminaba una transmisión: Hagamos un trato... cuando terminaba un partido de beísbol de temporada regular o play offs y terminaba con el dicho: Adios que se la pasen bien y nunca diga nunca. Qué gane siempre el mejor pero mejor si ganamos nosotros. Adios Don Mario y donde quiera que esté... yo sé que el primero que lo va a recibir va a ser Abdón.

jueves, 16 de abril de 2009

A SANARATE: BUSCANDO A MI PAPÁ IV PARTE


La metida de llave en el cerrojo y el movimiento de la puerta fue el escalofrío del inicio del viaje de vuelta a la capital, lo que me sacó del transe de reproches. -Puta papá que chinga por la gran puta- oí decir a mi hermano. Ya se había despertado mi papá. Tenía la mirada en el piso, un hematoma en el pómulo derecho. El pelo como de una escoba mojada pero de esas que barren lodo. Estaba hecho mierda. Cómo putas hizo para sacarse los dientes postizos y guardarlos en el pantalón, es una pregunta que me hago todavía hoy.

¿Y tu mamá? -alcanzó a murmurar con una gran cruda. -En la casa, esperándonos como la gran puta con uste... La pinta de decepción que tenía mi hermano era enorme. Como la de un juez que sentencia a cadena perpetua a su hijo por asesino. A Edgar se le desfigura la cara cuando se enoja, es otra persona. Los ojos se le desorbitan y las venas le saltan de la frente.

Caminó hacia el cuarto y le sacó una camisa y un pantalón. Empecé a buscar el maletín impermeable anaranjado para meter la ropa limpia que tenía guardada en el ropero junto con la sucia que se podía salvar para lavarla, porque la vomitada había que quemarla junto con la rabia que acumulábamos. -Vístase, le dijo Edgar. Ya le compraste el octavo? pregunté Sí le compré tres para que no chingue en el camino, contestó.

La pinta de mi papá era como de arrepentido. El alcohólico no lo sabe que lo es. "Yo soy tomador social" decía para justificarse Uno sabe que son pajas. Igual el numerito del arrepentimiento nos lo juega cada supertalega que se pone. Yo ya era inmune, me la había hecho como 3 veces, la primera lo abracé y chillé con él, después me peló y me dió asco su debilidad. Se empezó a vestir lentamente con la ayuda nuestra. Bueno dijo mi hermano, vamonós.

Empezó el calvario en la subida a la camioneta. Vaya que venía un poco vacía. Se sentó y se durmió rápidamente no sin antes tomarse un octavo como si fuera agua pura. Yo venía sudando en el camino con los y sis en la punta de la lengua: Y si se despierta, Y si vomita, Y si se orina, Y si nos bajan de la camioneta. Qué mierda de aflicción. Edgar no dijo nada en todo el camino.

Llegamos a la capital con media batalla ganada. El viaje fue rápido. "La Sanarateca" no hizo paradas. Mi papá se despertó por la calle Martí y aguantó hasta la Terminal sin hacer relajo. Nos bajamos y empezamos a caminar hacia la 18 calle y 10ma avenida donde pasa la camioneta 1 ó 2 que nos lleva a la casa. Cuando de pronto se desvía el viejo y se intenta meter a una cantina a seguir chupando. Puta Madre. Viejo cerote dije a mis adentros... Y mi hermano lo haló de la camisa. Ni mierda... uste, se viene con nosotros. Es que quiero un traguito, es que aquí sabe más rico, dijo. -Ni mierda, TENGA- le dijo Edgar. Y se lo tomó como agua haciendo una mueca de disgusto al final mientras bufaba. Es la mueca de satisfacción de bolo. Puta qué raspón del guaro cuando pasa por la garganta pero qué rica esa mierda pura. Jajaja... ya no le creo nada al viejo.

Llegamos a la parada y nos encaramamos en la primera camioneta Bolívar para llegar a la casa y acabar ya con todo. Mi papá iba como idiota; ido. Puso la mano en el tubo de apoyo del respaldo del asiento delantero y así se fue hasta que llegamos a la casa. Como en estado de oración por la culpa.

El chofer nos dio tiempo de bajarnos y al fin llegamos a la casa. Nos vio como si a él también le había tocado ir a traer a su papá a alguna cantina. Mirada compasiva o mirada de lastima, igual no se deja que causar pena ajena. -BOLO CEROTE DE MIERDA YA VENISTE, dijo mi mamá, y con toda razón. Continuará.

Parte 1, Parte 2, Parte 3

martes, 14 de abril de 2009

CRÓNICAS EN EL CAMIP


Pobres viejos. Sentados en bancas y sillas, nuevas desde hace 10 o 15 años. Esperando una consulta programada cada 9 o 10 meses. Aunque en el interín se mueran, qué importa. Un olor a naftalina con guardado recorre todo el recinto. Sillas de ruedas, bastones y andaderos son las piernas que nunca fallarán. Realicé un paneo buscando a mi mamá por esas salas sofocantes y viciadas a resignación. Más fácil buscar por su bolsón verde, hay miles de cabecitas de algodón. Ésta es una mirada al futuro y comparo cuál pinta tendré cuando llegue a 80 años, sí es que llego.

Hay un anciano que se levanta su mirada al techo y mueve su cabeza de un lado a otro rápidamente. Como si escuchara Jazz. Seven Steps to Heaven de Miles me viene a la cabeza. Mueve sus manos tan rápido, veo sus dedos que golpean la orilla de la silla... hey realiza muy bien la percusión, parece que ambos oímos la misma canción. Hasta yo muevo la cabeza. Qué puntuales sus movimientos hasta el tiempo es puntual. Me voy a leer mi libro, algo me advierte que no es normal tal precisión. Reacciono de mi lectura y regreso hasta donde estaba, lo veo. Ah caray, tiene Parkinson. No sé si reirme. Sonriamos al menos.

Andar con un libro por esos valles con olor a aspirina, sangre y alcohol es como tener una etiqueta de "No me chinguen, me instruyo, Puto ignorante". Nadie se te acerca. Sos tan mortal como un policía con su macana. Ni ellos se te acercan.

La espera en el CAMIP es muy instructiva. Si tenés una emergencia, tenés que llegar a las 7 am para atenderte a las 1:30 0 2 pm, depende del humor de la enfermera-secretaria-mal-cogida. Con esa pérdida de un día entero más vale que llevés algún libro. Para el viernes de dolores pasado que estuve desde las 6:30 hasta las 16:30, terminé uno. Llevaba 100 páginas de A Sangre Fría de Capote y terminé las 433pp. Entre la clínica y la farmacia me leí 333 páginas. Me alegré mucho.

Tengo que ir dos veces por semana para llevar a mi mamá y ahora agarré Rayuela de Cortázar para revisitarlo. Trabajo fijo no tengo por el momento. Cuando andás con un libro te ven raro. Los viejos instruídos y bien vestidos al menos te respetan pero entre labios dicen: No es marero. Porque si llevara Muerto Diario, sería un chapín imbécil y no digamos si llevo otro periódico; con cualquiera. Hasta te interrumpen.... Joven -me dice, tan chula la señora- ¿Él es bien complicado de leer, verdad? -refiriéndose a Julio-. Un poco, le digo este libro funciona saltándose capítulos le digo, -se interesa- Qué bonito, me contesta. Es que fíjese que un día intenté y no lo entendí. Preferí las lecturas de Isabel Allende y Paulo Coelho, son más bonitas pero con él si me trabe. A mi hija le gusta leer libros de él también. ¿Así? -le dije-. Sí, ella estudia comunicación. ¿De verdad? y me llevé la mano a la barbilla rascándomela... Bueno jovencito lo dejo, que disfrute su libro. Gracias le contesté.

Llego al capítulo 16 y Grego... Greogorius... ah... TU MADRE... Intenta conquistarse a la Maga y la cuata le cuenta cuando un negro la violó. El Grego sale huyendo no sin antes analizarle la relación con el Horacio. Horacio -le dice- es patológicamente sensible al mundo que le rodea... Más brevemente le Duele el Mundo, le contesta el Gregorovius... puta, al fin pero tuve que leerlo. En mi angar de recuerdos malditos tengo un par de violadas. Greg, para no hacernos bolas, le dice sin anestecia, que es mercadería dañada. Puuuchis. Mejor sigo.

Leo el capítulo 20 riéndome y con cierta tensión. Horacio sos un puto genial. Maga estás fuera de lugar pero sé porqué te admiran. La discusión en ese capítulo es intenso. Julio ni se mete y deja que los personajes se escupan y se tiren besos. La Maga le recrimina y Horacio se lava las manos genialmente. Recuerdan cuando se conocieron y que la química se hizo cargo de la relación aunque intelectualmente la pareja no congenia. Entre lágrimas la Maga le dice:

A mí me pareció que yo podía protegerte. No digas nada. En seguida me dí cuenta que no me necesitabas. Hacíamos el amor como dos músicos que se juntan para tocar sonatas. Era así, un piano y un violín que nunca se encuentran. Allí me dí cuenta que son preciosas las sonatas. Y el Horacio le contesta con una sonrisa -Precioso lo que decís. Yo solté una carcajada allí solito como un idiota. Horacio sos un grandísimo hijueputa, dije a mis adentros.

Fuimos al CAMIP para que le repusieran una receta a la que le escribieron mal un número. Perdidas tres horas llega mi madre y me encuentra feliz aunque ella, no tanto. -Vamonós a la policlínica -dijo encolerizada- (Otro IGSS que queda en la zona 1 y a 5 de donde estábamos) para que me den la otra medicina. No me pudieron hacer la receta porque el doctor tiene "una emergencia" y allí estaba el hijueputa. Vamonós pues, le digo -A la puta a seguir esperando, dije a mis adentros. Qué gente más inepta.

jueves, 19 de marzo de 2009

A SANARATE: BUSCANDO A MI PAPA III PARTE


Primera Parte y Segunda Parte
Lunes a las 7 hice mi debut como el tercer hijo de mi padre. “Es otro niño”, dijo con decepción el ginecólogo. Já dígamelo con alegría Doctor, -le reclamó mi mamá-. ¡Es otro niño! dijo feliz y aliviada.

Regresé de ese momento como un trueno luego del gran ronquido que dejó escapar mi papá. Se escuchaba en toda la casa, produciendo unos ecos guturales como si un león estuviera encerrado en uno de los cuartos vacíos de aquella gran casa. Me levanté y fui a ver la televisión. Quería ver caricaturas así que fui a rotar la antena aérea para captar los canales salvadoreños. Era medio día y supuse que Heathcliff estaba empezando.

Siempre me dieron miedo los borrachos. Esa tambaleante improvisación de movimientos que se activan en un momento de discordancia mental y vocal junto con una expulsión de fluidos incontrolables, provocan en mi cierta decepción y terror inexplicable. Puede ser porque la combinación de todo eso haga que una mano se cierre y se estrelle con la fuerza de una bomba atómica en la cara del borrachín y después broten millones de híbridos sentimentales encerrados en un ying yang de culpa. Eso es imposible de tragar. El remordimiento es peor. Su enfermedad, su culpa; mi culpa, mi falta de compasión.

Pasé dos horas mirando la televisión cuando mi padre despertó desubicado y parpadeando 2 ó 3 veces por minuto. No daba ni comprendía cómo había llegado allí. Tosía como un enfermo de cáncer en los pulmones. Solo con oírlo daba asco. Se quedó sentado… ido. Apagué la televisión y me quedé sentado allí por largo tiempo. Recordé muchas cosas que había dicho mi madre cuando mi papá era uno de los más brillantes doctores de su promoción.

Ese Fito es una bestia. Nunca tuvo visión. A mí nunca me valoró. Podés creer Allan, -me decía- que tu papá pudo ser diputado del Progreso y no quiso por la chupadera. Toda la gente del partido le rogaba que los representara. Acepte doctor va a ganar hombre, ya lo conocen en El Progreso. Todos saben lo que ha hecho en Sanarate y el centro de salud. Y el burro no quiso, decía: No es que la política me va a corromper, yo con ser jefe del centro estoy tranquilo. Y fijate -agarrándose los pelos-, solo cobraba 3 quetzales por consulta. Va… después le ofrecieron ser accionista y socio fundador del hospital Herrera Yerandi. Imaginate, dónde estuviera ahorita y dónde estuviéramos nosotros.
Pero todo por que era un borracho el maldito. Ah es que es una mierda el bolo cerote este. No hay peor maldición de una mujer que huir de su casa para casarse con un alcohólico.

¿Dónde estuviera yo?, me decía. Es probable que fuera doctor. Me hubiera casado hace tiempo. Mis hermanos y yo estaríamos en la junta directiva del hospital. Seríamos influyentes y nunca, jamás nos convertiríamos en mendigos del IGSS. ¿Quién sabe?.
Este blog no existiría y tendría otros amigos. ¿Quién sería Allan Martínez? Ojalá que en ese universo paralelo las cosas sean mejor. Espero... Continuará.

lunes, 2 de marzo de 2009

A SANARATE: BUSCANDO A MI PAPÁ II PARTE


Ver parte 1. De los tres, el que más costaste fuiste vos, aunque con Guty (el mayor) fue una cesaria horrible, me decía aún aflijida y pasándose las manos por la cara. Cierto, ese galeno le hizo unos cortes de pavo al abdomen de mi mamá que le daba mucha vergüenza ponerse bikini en la playa. Tenía 24 años cuando tuvo su primer hijo y tenía 40 años cuando nací. La madrugada del 28 de julio del 1975me encontraba en los quehaceres fetales de rutina sentado en el vientre y sin la preocupación de nacer mucho menos si estaba colocado en posición de salir. Pensaba volver a jugar con el líquido amniótico hacer unas burbujas para que le salieran una flatulencias a mi madre, porque se escucha divertido, y realizar actividades recreativas como contar cuantas cuartas tiene el cordón umbilical, si mis dedos estaban cabales o jugar tenta pajarito... Hey soy un feto.

Quién iba a pensar que ése sería el día. Para asegurarse que todo iba a salir bien, mi papá que es doctor recorrió el vientre con su mano y le dijo a mi mamá que estaba mal colocado; estaba sentado, tenía la cabeza para arriba. Con una maniobra extraña que solo los doctores y las parteras saben, logró encontrarme mi cabeza y esperó cada contracción para colocarme con vista al sur y, así, poder salir. Era tedioso pero dos vidas estaban en juego. Cada contracción me movía y me movía y me movía, una y otra vez… y otra vez. Las contracciones llegaban a la hora que le daban la gana. Ni siquiera pudo ir al baño en casi 4 horas. Así pasó una hora mientras me movía. Mi madre sufría tremendamente cada contracción… ¿y si se enreda en el cordón? ¿y si le pasa algo?… ¿y si no nace?… ¿y si se muere?. -Tranquila, le decía mi papá. Aquí lo voy a poner. Allí viene otra contracción… y el grito de ella… Ya lo moví, viste… allí va.

El Doctor tenía un dolor de rodillas bárbaro para la segunda hora. Era fin de semana y mi papá estaba en la casa, no se fue a Sanarate porque ya presentía mi llegada. Para ese entonces era director del centro de Salud aquel municipio y era el hombre más respetado por encima del alcalde. Otra Fito… va aguantá –le decía mi papá-. Allí va, viste… tranquila, no te preocupés. Para las 4 de la mañana, me había movido 10 centímetros en el sentido de las agujas de reloj. La espera fue agónica. Si mi padre no se hubiera quedado yo no hubiera existido. Bizarro concepto. Morir sin darte cuenta. ¿Cuál es la diferencia?. No existe la conciencia como tal. ¿Qué es eso de no existir? ¿Alguien me hubiera extrañado, sin conocerme? ¿Qué significa borrar una vida? ¿Dónde se restablece el equilibrio o habrá tal cosa como la reencarnación… ¿Dónde hubiera nacido?… ¿sería yo?, ¿me extrañarían?

Soy producto de un juramento hipocrático y del amor de un padre y una madre. Fue la única vez que estuvimos tan unidos por una travesura mía que no sería la última. Mi padre seguía moviéndome. Sudaba profusamente. Sus rodillas ya estaban entumecidas y no podía quitar las manos del vientre de mi madre, si me soltaba me iba a jugar con el cordón y que me busque en la guía telefónica. Para las 5:30 de la mañana y a tres contracciones de colocarme hacia el camino correcto, le dijo a mi hermano mayor que llamara a la ambulancia del hospital el Pilar y que hiciera otra llamada con el ginecólogo de mi mamá, el doctor Bregni para informarle que podían haber problemas con el parto; decile que se preparen para operar. Unos 20 minutos después llegó la ambulancia a la casa.

Los enfermeros le preguntaron a mi padre: ¿Cuál es el problema?. Ninguno, -dijo-, ya está colocado. -Vámonos al Pilar. La cargaron y se la llevaron a las 6 de la mañana. Continuará.

jueves, 19 de febrero de 2009

SANARATE: BUSCANDO A MI PAPA


Un día aburrido. Y la llamada. Dorita… Dorita… -Sí dígame Neco, contestó ella. Mi madre lo sabía ya, eran los primero días de diciembre y mi papá no había llamado. -Fito anda “bolo” otra vez, dijo Neco. -Santo Cielo de Esquipulas pegando el brinco. -Yo intenté llevarlo a la casa –le decía- pero no quiso y se fue a la cantina a seguir chupando. Me pegó y se fue. Voy a ir dentro de un rato a traerlo, ya me dijeron los muchachos que allí está todavía. -Vaya Neco, ahorita vamos para allá, le dijo mi mamá. Yo tenía 18 y la tradición de ir a Sanarate, El Progreso a traer a mi papá alcoholizado iba a ser mía.

Andate con Edgar y se lo traen en la ambulancia del Centro de Salud. Voy a hablar con Doña Higinia para que le avise al patojo de la ambulancia y se vienen-dijo mi mamá con un tono entre decepción y emputada. Mis órganos internos pesaron más, sudor en la espalda y total decepción. Un trueno que cae de incredulidad, hasta los colores son más sensibles y hay más detalle en las cosas, ese efecto de la pupila que nunca entenderé; casi se me quitó la miopía. Porqué uno se siente tan sólo, tan únicamente desperdiciable, tan desgraciadamente afortunado.

Me empecé a vestir, resignado. Al fondo, mi mamá hablaba por teléfono con la doña de Sanarate. El silencio de alta frecuencia se hace tan ensordecedor. Las palabras de mi mamá eran como si la tuviera a la par. -Váyanse pues -dijo-. Se lo traen en camioneta porque no está el muchacho, anda por Sansare. Todo pesó, aún más. Vamos Allan, me dijo Edgar, viejo cabrón qué chinga. Edgar hay compran los octavos, -dijo mi mamá rabiosa- se traen la ropa del bolo de mierda ese, las llaves y el pisto que siempre lo tiene en el ropero.

Salimos de la casa y nos topamos con el mejor amigo de mi hermano Carlitos. -Vamos a Sanarate a traer a mi papá, otra vez se puso bien a verga, dijo Edgar. A la gran puta, replicó nuestro vecino de por aquellos años. Él también tenía un problema igual con su papá y su hermano que era bolo y coquero. Con los años tendrían que vender la casa porque el hermanito le debería unos 200 mil quetzales a unos narcos.

El viaje duraba como 10 años en la Guastatoya, pero en la Sanarateca duró 5. Edgar sabía más o menos por donde empezar a buscar. Yo lo seguía como perrito faldero. Él tenía incontables experiencias como “rastreador de bolos”, título relegado por tradición también de mi hermano mayor que se retiró de esa "profesión porque se casó". En eso me convertiría yo si la vida no me daba opciones claras. Es que no era la primera vez, era la enésima en 35 años. -Porqué me casé con ese bolo de mierda? –decía mi mamá. Así me decía Don Emilio (mi abuelo) replicaba encogida de hombros. Sigue con ese bolo, Dorita? Déjelo hombre búsquese otro. Siempre le encantó recordar los consejos de su suegro. Hubiera querido que Don Emilio fuera su papá en vez de tener al despreciable Don “Lanco” como su padre que también era alcohólico sólo que ese idiota era violento y verguiaba a mi abuela para después cogérsela con gusto. Puta que familia. Hasta hoy siento que nací en la familia equivocada.

Llegamos a Sanarate. Siempre consideré a ese pueblo como maldito. No tengo buenos recuerdos de ese municipio. Lo despreciaba por asociación. Al bajarnos de la camioneta y dirigirnos a la casa nos topamos con 5 bolos y uno más a tres metros de la casa de mi papá.

Lentamente entramos y empezamos a revisar. La casa estaba en shock, con ese silencio ensordecedor traducido a grito de alta frecuencia como quien reniega su abandono y al mismo tiempo pide ayuda. Nos entendíamos muy bien con esa casa. Había vivido allí unos 4 años atrás. Registramos las habitaciones y en el ropero encontramos 200 quetzales. Toda la ropa tirada, calzoncillos cagados, una vomitada en el inodoro, y miles de mosquitos que pegan el dengue caminando sobre el agua de la pila.

Mirá, -me dijo mi hermano-, voy a donde Neco para que me preste el teléfono y contarle a mi mamá. Prendé la tele, ya vengo. Cerró la puerta y después volvió a tocar. ¡Allan, Allan, vení! Salí corriendo. -¿Qué pasó?, dije, -Aquí afuera estaba tirado, ni lo conocí. Entrémoslo. -¿Dónde lo ponemos?, le pregunté asqueado. En la banca, me contestó, ni se va a dar cuenta. Lo colocamos como quien carga un pedazo de mierda en la mano. Olía a cigarro, guaro, sudor, etc, Ya vengo voy a llamar a mi mamá, no lo vamos a poder llevar en camioneta.
La puerta del zaguán se cerró como un trueno y yo me quedé contemplando al viejo que de niño me salvó la vida. Continuará…

viernes, 30 de enero de 2009

RATAS, RATONES Y... FAIL!!!!


Puta Pato contesta… Son las 6:10, tengo tiempo para arreglarme. Me mandó a buzón. De plano va en carro, bueno…

Allan, Allan el ratón vení a matarlo. ¡Ese hijue puta se muere hoy!, sentencié con la mandíbula apretada. Salí corriendo. ¿Dónde está? Allí mirá en la… ahí va, ahí va. La escoba. Me relamía… Yo en la configuración de la muerte sumaría el alma de este roedor para llevármelo. La adrenalina fluyó y el corazón a latía con paso de gigante. Salí corriendo a darle muerte. Pero el maldito ratón tenía poderes. Sus gritos me alteraron e hicieron que perdiera el equilibrio cuando le puse todo el peso de la escoba y se rompió. El peso de mi furia provocó que mi cabeza chocara con la orilla curva de una pared reventándome la piel. El roedor salió corriendo y yo lo perseguí. -Mierda la sangre no me deja ver. Puta qué dolor de cabeza. Mi palma parecía un estigma. Sangre corinto, el olor de la sangre un olor tan enigmático y significativo. Fuerte olor a hierro mojado, cubierto con carne fría. Mi sangre hirviente salió con gran ira a replicarme y a pedir venganza a pesar del golpe. Mi cabeza como si nada y es que ni siquiera me dolía. Sabía que había pasado algo. Un grito de mi mamá me sacó de ese trance vendetta.

A la puta me reventé la ñola. Maldito ratón. Ya me imagino… Killing Mice FAILl!!! Complejo de Tom y Jerry. Éste es el macho el que sobrevivió. La semana pasada mate a la rata que estaba preñada de un tijerazo en la barriga. Allí estaba el no nato.

La verdad es que he sido bueno aniquilando ratas y ratones. Una vez maté a 13 ratones. Me divertí. Saqué a los 13 en una pala a tirarlos a todos a una reposadera. El machete me sirvió para quebrarles sus columnas, partirlos a la mitad, decapitarlos. Hasta una estrategia diseñé. Sí, Ríos Montt pensé yo también. Éste es, el primero que se me escapa. Y cuando huyó, lo único que alcance a mascullar fue: “Me las va a pagar”. Tengo que decir que ni siquiera me tomé el tiempo para reírme de la situación.

La herida era una pulgada de longitud por 2 milímetros de ancho, lo suficiente para suturar. Al Roosvelt… es gratis y para desempleados. La sangre se portó benévola y me dio tiempo de llegar sin ninguna novedad. Ya en el hospital y en un rato... je, llegaron dos muertos, tres heridos de bala incluyendo un niño de 12 años y claro los medios Muerto diario y tele muerto diario perdón: Nuestro diario y Telediario. Grabaron todo. Hasta se emocionan cuando llega un muerto. Llenan la página, mandan el video y se van a casa.

La tele hace sus tomas, espero no salir en una de ellas. Me llamaron rápido de cirugía. Un chava practicante muy bonita. Mierda… No me voy a poder quejar.
La puesta de la anestesia y cada punto que ponía me hacía sudar profusamente. Me levanté y la gran poza de sangre quedó en la camilla. Me recetó un antibiótico y un desinflamatorio. Me lavé el pelo y de regreso.

Me bañé porque apestaba a hospital anestesia y sangre. Me vestí y puse telediario y… puta que suerte salgo en una toma, la mitad de mí y en otra sale mi espalda. Solo pensé: “Éste es mi año en los medios”.